LOS AYES DE JESÚS EN SAN MATEO 23, 23ss
RESISTENCIA A LA GRACIA Y AL AMOR
Ay! Es una
expresión que indica dolor, pesar
En la Biblia, el término «ayes» se
utiliza para expresar sentimientos negativos, como lo son la angustia y el
sufrimiento; y, de hecho, aparece en diferentes pasajes. Uno de ellos es en el
libro de Jeremías, donde se describe la destrucción de Jerusalén y se escuchan
las voces de aquellos que lamentan la caída de la ciudad.
«¡Ay!» (en hebreo: ouai).
Evidentemente, el contexto del juicio está siempre presente: a la manera de los
profetas del Antiguo Testamento, Jesús expresa, en forma de lamentaciones, su
reprobación con respecto a los guías del pueblo.
EN EL NUEVO TESTAMENTO
El término «ayes» se utiliza en los
evangelios para describir la hipocresía y la injusticia de los fariseos y
líderes religiosos de la época. El mismo Jesús hace uso de esta palabra para
reflejar el sentimiento del pueblo oprimido y de todos aquellos sufrientes en
el mundo.
Los «Ayes» son una advertencia de
lo que sucederá a aquellos que se opongan al propósito de Dios y una forma de
castigo para aquellos que continúan en su afán de hacer el mal. Son una señal
del juicio de Dios, que será evidente en el mundo cuando se haga sentir su
justicia divina. En resumen, los «Ayes» son una advertencia de las
consecuencias que enfrentarán aquellos que desobedecen a Dios y una llamada a
la reflexión y el arrepentimiento. Ejemplo Mateo 6:1-2: "Tenga cuidado con la práctica de la justicia antes que los demás,
solo para ser visto por ellos. Si actúas así, no tendrás recompensa del Padre
Celestial. Por lo tanto, cuando das limosnas, no anuncie Con las trompetas,
como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser
honradas por otros. Les aseguro que ya han recibido su recompensa
completa". - Jesús acusa a los líderes religiosos de hacer cosas
buenas para ser visto por otros en lugar de tener la verdadera motivación para
agradar a Dios.
·
13.«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos
hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros
ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar.
Los escribas tienen la llave del
reino de los cielos o como se dice en san Lucas, «la llave del saber» (Lc
11,52), porque los escribas están sentados en la cátedra de Moisés. Su oficio
es enseñar el camino de la verdad. Esta llave es la llave de la adecuada
ciencia y del verdadero conocimiento. Pero en vez de abrir, vosotros cerráis
con llave. Vuestra doctrina es falsa y conduce al abismo. Sois guías ciegos,
como se dirá dentro de poco (23,16). No os basta que no podáis tener esperanzas
de llegar al reino, ya que ni siquiera dejáis llegar a los que lo desean y a
los que no pueden prescindir de vuestra llave. ¿Por quiénes sino por vosotros
debe el pueblo sencillo saber lo que la ley exige para su vida y por dónde
discurre el recto camino? De todos los reproches del discurso éste es el más
duro y el más tremendo. Se recusa y condena la doctrina como falsa. Y para sus
maestros se cierra el reino para el cual les ha sido confiada la llave…
Al mal administrador de la llave se
le ha de quitar el cargo y se tiene que dar a otro, que lo ejerza mejor. Jesús
dice a Pedro: «Te daré las llaves del reino de los cielos…» (16,19). Así como
los arrendatarios de la viña son despojados de su oficio y la viña es confiada
a otro pueblo (21,43), así también se tiene que proveer de nuevo el cargo de
guardar la llave. Este ministerio tiene la promesa de la validez incondicionada
«en el cielo» y la seguridad de que perdurará, porque en último término aquí
también sólo es Cristo el que enseña y guía, el que «ata y desata». El
ministerio no será ya sustraído ni tampoco caerá bajo la conminación de un
«ay», como el que aquí profiere Jesús.
·
15.«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas,
que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le
hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!
Era proverbial el celo que los
fariseos tenían por las almas. En la presente conminación, no solamente se
caricaturiza este celo, sino que se fustiga gravemente. Un prosélito es un
adepto ganado personalmente para la propia fe. El resabio de impureza que
percibimos es ajeno a estas frases, por lo demás tan usuales en aquella época.
Los fariseos cazan al individuo yendo tras él para traerlo a su propia
convicción religiosa. En cuanto encuentran a uno. caen sobre él y lo hacen aún
más fanático de lo que son ellos mismos. Más aún, hacen de él un hijo de la
gehenna, ya que su camino es enteramente opuesto al camino de Dios, y no
conduce a la vida, sino a la perdición. Así acusa Jesús a los fariseos.
·
16.«¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís:
"Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del
Santuario, queda obligado!"
17.¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es
más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro?
18.Y también: "Si uno jura por
el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda
obligado."
19.¡Ciegos! ¿Qué es más importante,
la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?
20.Quien jura, pues, por el altar,
jura por él y por todo lo que está sobre él.
21.Quien jura por el Santuario,
jura por él y por Aquel que lo habita.
22.Y quien jura por el cielo, jura
por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él.
No sólo es falsa la piedad
farisaica, sino también su doctrina. Así lo dice también este «ay». Ellos creen
que pueden distinguir entre fórmulas de jurar obligatorias y no obligatorias, e
incurren en un formalismo igual al que Jesús ya había impugnado en el sermón de
la montaña (5,34-36). Hacen pasar como única fórmula válida jurar por el oro
del santuario; pero el juramento por el santuario es ineficaz. Algo parecido
sucede en los otros ejemplos. Truecan lo mayor con lo menor. El santuario es el
que santifica el oro incrustado en él, y el altar es el que santifica la
ofrenda presentada en él. Este «ay» no nos parece que sea muy contundente. Es
una crítica de una distinción sutil, que en todo caso ha de ser valorada de
otra manera, por lo cual la cuestión básica del juramento queda en suspenso.
Hasta el 20 Jesús no toma posición en este particular. Eso nos sorprende en
vista de la objeción que apunta mucho más lejos y que está en el sermón de la
montaña. Allí Jesús no solamente censura el juramento irreflexivo, sino que en
general prohíbe jurar (5,33.34a.37).
Los dos últimos ejemplos pasan
adelante. El que jura por el santuario, jura por Dios, e igualmente el que jura
por el cielo (23,21s). Los judíos tenían la costumbre de sustituir el nombre de
Dios por otros circunloquios. En este sentido se hace alusión a las fórmulas de
juramento «por el santuario» y «por el cielo». Mediante el circunloquio se
creía poder debilitar o eludir la inmediata invocación de Dios como testigo.
Pero Jesús dice que tales fórmulas también se refieren a Dios personalmente.
Son juramentos por Dios perfectamente válidos. No hay que precaverse de usar
con ligereza estos juramentos, puesto que Jesús ha prohibido en general el
juramento; se debe hablar con franqueza y veracidad, el sí debe ser sí, y el no
debe ser no (cf. 5,33-37).
Pero la larga conminación sirve
aquí para ilustrar la hipocresía, aunque en este caso y sólo en él no aparezca
esta expresión. Hay algo que aquí no concuerda.
En este pasaje se descubre la
discrepancia entre una adoración viviente y personal de Dios, y la práctica
formalizada, rígida de la religión. El hombre siempre tiene que tratar con el
Dios viviente, con el Padre, a quien no se puede esquivar con sutiles
distinciones jurídicas o rituales. Todo servicio ante Dios tiene que ser
sincero y fluir de un amor cordial.
·
23.«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos
hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y
descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe!
Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.
24.¡Guías
ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
·
25.«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos
hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro
están llenos de rapiña e intemperancia!
26.¡Fariseo
ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera
quede pura!
·
27.«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos
hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen
bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda
inmundicia!
28.Así
también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro
estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
·
29.«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos
hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los
monumentos de los justos,
30.y decís:
"Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no
habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!"
31.Con lo
cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los
profetas.
32.¡Colmad
también vosotros la medida de vuestros padres!
33.«¡Serpientes,
raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?
4.Por eso,
he aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los
mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los
perseguiréis de ciudad en ciudad,
35.para que
caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde
la sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a
quien matasteis entre el Santuario y el altar.
36.Yo os
aseguro: todo esto recaerá sobre esta generación.
37.«¡Jerusalén,
Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados!
¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus
pollos bajo las alas, y no habéis querido!
38.Pues
bien, se os va a dejar desierta vuestra casa.
39.Porque
os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en
nombre del Señor!»
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Jeremías 7:9-10: "Roban y matan, cometen adulterio y juran
falsamente; hacen ofrendas a Baal y siguen a otros dioses que no han conocido.
Y todavía vienen a mi templo y lo profano, mi casa es llamada por ellos por
ellos 'Santuario', pero lo convirtieron en ladrones de ladrones! " -
Jesús acusa a los líderes religiosos de la hipocresía por imponer reglas y
cargas a la gente mientras cometen pecados serios.
Proverbios 23:1-3: "Cuando te sientas a
comer con una regla, piensa bien lo que estás frente a ti y ponte un cuchillo
en la garganta si te dan a muchos apetitos. No codices tu fina acipe engañando
a " - Jesús advierte que los líderes religiosos están motivados
por el deseo de ganancia personal y poder en lugar de cuidar a la gente.
Isaías 29:13: "Esta gente se acerca a mí con mi boca y me
honra con los labios, pero sus corazones están lejos de mí. La adoración que me
da está hecha solo de reglas enseñadas por los hombres". - Jesús
acusa a los líderes religiosos para centrarse solo en la apariencia externa de
la religión y no la verdadera adoración de Dios.
Ezequiel 34:2-3: "Hijo del hombre, profetiza contra los
pastores de Israel; Profesía y les diga, así dice al Señor Dios, ¡Ay de los
pastores de Israel! lana, degola es la cebada, pero no las ovejas ".
- Jesús acusa a los líderes religiosos de no cuidar adecuadamente a las
personas, sino centrarse en su propia comodidad y enriquecimiento.
Resumen
-
Falta
de coherencia con la enseñanza
-
Exigir
lo que no se cumple
-
Ser
vistos y admirados por los demás
-
Buscar
privilegios
-
Buscar
reconocimiento
ORACIÓN||
Tú nos juzgas sobre el amor,
Oh Dios que quieres la vida del hombre:
líbranos de buscar nuestra justificación
en unas leyes demasiado humanas,
ya que tu Hijo Jesús
resumió toda la Ley
en amarte a ti y a nuestros hermanos.
Enséñanos a amar sin ningún tipo de cálculos,
y que tu salvación nos sea concedida
por añadidura,
en el nombre de tu Hijo Jesús,
Cristo, nuestro Señor.
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