PAZ EN LA TIERRA, Pacem in Terris
Sobre la paz entre todos los pueblos que
ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad.
1. La paz en la
tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es
indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el
orden establecido por Dios.
10. Si, por
otra parte, consideramos la dignidad de la persona humana a la
luz de las verdades reveladas por Dios,
hemos de valorar necesariamente en mayor
grado aún esta dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la
sangre de Jesucristo, hechos
hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la gloria eterna.
La convivencia tiene que
fundarse en el orden moral establecido por Dios
38.
Tiene su origen único en un Dios
verdadero, personal y que trasciende a
la naturaleza humana. Dios, en efecto, por ser la primera verdad y el sumo bien, es
la fuente más profunda...
Santo Tomás de Aquino:
la
bondad de la voluntad humana depende
mucho más de la ley eterna que dé la razón humana..
El Deseo del Papa Francisco, Dar la Paz…
Jesús, al
enviar a sus discípulos en misión, les dijo: «Cuando entréis en una casa, decid
primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos
vuestra paz; si no, volverá a vosotros» (Lc 10,5-6).
Dar la paz
está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo.
Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la
paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana[1].
La
“casa” mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada
continente, También es nuestra
“casa común”: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir…
Ser
servidor de todos. «Quien quiera ser el primero, que sea el último
de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35).
Lc 2,14:
«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena
voluntad».
Estamos
convencidos de que la buena política está al servicio de la paz;
La paz es
una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres
dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:
— la paz con nosotros
mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ― san
Francisco de Sales― “un poco de dulzura
consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;
— la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre...;
atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;
— la paz con la creación,
redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que
corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y
artífices del futuro.
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