LA CARIDAD CORAZÓN DE LA IGLESIA
1 Juan 3,1-2 Queridos hermanos: Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aun no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
“Es la
historia del amor que hemos recibido de Dios y debemos llevar al mundo: esta
caridad recibida y dada es el fundamento de la historia de la Iglesia y de la
historia de cada uno de nosotros”.
Deus
Caritas est , encíclica de Benedicto XVI y “recorre toda la historia de la
Iglesia que es una historia de caridad”.
“la caridad, por tanto, está en el centro de
la vida de la Iglesia, y es verdaderamente su corazón, santa Teresa del Niño
Jesús”.
“…
volver a este corazón palpitante de nuestra vida y de nuestro testimonio, al
centro del anuncio de fe: Dios es amor”.
“Dios
no tiene simplemente el deseo o la capacidad de amar; Dios es caridad: la
caridad es su esencia, su naturaleza. Él es
único, pero no es solitario; no puede estar solo, no puede cerrarse en sí
mismo, porque es comunión, es caridad, y la caridad por naturaleza se
comunica, se difunde.
En
definitiva, “Caridad y misericordia están tan estrechamente vinculadas
porque son el modo de ser y de actuar de Dios: su identidad y su nombre”.
Dios
“derrama incansablemente su caridad sobre nosotros y nosotros estamos
llamados a ser testigos de este amor en el mundo. Por eso, debemos ver
la caridad
divina como la brújula que orienta nuestra vida, antes de encaminarnos
en cualquier actividad”.
« Dios es amor, y quien
permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él » (1 Jn 4, 16).
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